EL CAIRO, Egipto.- Cuando se anunció, anoche, la noticia de la supuesta muerte clínica del ex presidente de Egipto, Hosni Mubarak, en la plaza Tahrir de El Cairo estalló el júbilo. Incluso se lanzaron algunos fuegos de artificio. Desde hacía algunas horas, Hermanos Musulmanes y seguidores del movimiento anti-Mubarak se manifestaban allí contra el Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas gobernante y la creciente concentración de poder en sus manos.
La plaza Tahrir fue el epicentro de las masivas protestas que llevaron en febrero de 2011 a que Mubarak tuviera que ceder el poder y ahora, el traslado del ex dictador desde una prisión a un hospital militar de El Cairo generó un nuevo sentimiento de incertidumbre en los egipcios, que ya se encuentran inquietos al no conocer aún el resultado de las elecciones presidenciales realizadas el fin de semana.
Las manifestaciones de alegría aún no habían cesado cuando el predicador radical salfista Hasim Abu Ismail tomó el podio y dijo que los hermanos y hermanas debían calmarse porque la noticia no era más que una "mentira" con la que el Consejo Supremo de las FFAA quería desviar la atención de su propio golpe de Estado tras haber disuelto el Parlamento y haber reducido los poderes del próximo presidente. "Tomaremos el poder que se otorgó a sí mismo el Consejo Supremo aunque debamos dar la vida por ello", lanzó al micrófono.
La mayoría de las personas en El Cairo no se inmuta con la cercanía de la muerte del hombre que los gobernó durante casi 30 años. Ninguno va más allá de algo de compasión dictada por la piedad. "Se merece la clemencia de dios", opina el estudiante Islam al Rashidi.
"No cambia nada", dice Atif Abbas, que vende bebidas en la calle Kasr al Aini. "De todas formas ya estaba fuera del ojo público". En la segunda vuelta de las presidenciales tras la caída de Mubarak votó por Ahmed Shafik, ex primer ministro de Mubarak y representante del viejo régimen. Teme que en caso de ganar el candidato de los Hermanos Musulmanes, Mohamed Mursi, se islamice aún más el país.
Por las dudas, ya escondió la cerveza que vende bien al fondo de su nevera, detrás de las gaseosas sin alcohol, de modo que no se vea. En cuanto a la posible muerte de Mubarak, no siente nada. "En el mundo de los negocios los sentimientos de este tipo no tienen lugar y no es diferente en cuestiones políticas", explica el comerciante de 60 años.
En los últimos años antes de su caída se convirtió en una figura odiada por la cantidad cada vez mayor de sus opositores. Las enfermedades, la miseria social y el maltrato de la policía y otras autoridades hacia la población, los problemas económicos y la corrupción...todo era atribuido al "faraón", que reunía todos los poderes. La sospecha fundamentada de que estaba preparando a su corrupto hijo Gamal para una sucesión dinástica agregó más leña al fuego. (Reuters)